1.12.12

Relato nº1

¡Hellou~!

Esta vez vengo porque como otras tantas veces tenía ganas de escribir algo. Llevo con éste fragmento de historia en mi cabeza desde hace aproximadamente una semana, surgido a través de cosas que siento y de mis preocupaciones. Pero al fin y al cabo, algo bueno surge de que a veces mi cabeza no pare de pensar cuando intento dormir. Os dejo con el fragmento~


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La chica, la Torre y la Estrella


Andaba en la espesura de un frondoso bosque. Llevaba tanto tiempo haciéndolo que no recordaba cuándo había comenzado a hacerlo ni por qué. A medida que iba avanzando, a paso lento, debido a la maleza, su miedo aumentaba, y sus dudas también. Ella tenía miedo de las voces extrañas que escuchaba. Y tenía miedo de seguir andando, pero atrás ya no quedaba nada más.
Un día llegó a su destino. Allí encontró un claro gigantesco en medio de tanta espesura, en una laguna donde el agua no llegaba más alto que sus tobillos y donde el cielo y sus estrellas se reflejaban como diamantes. Era siempre de noche, y no había un motivo para eso. Pero allí siempre lo era. En medio de la laguna se alzaba una espléndida torre; a su alrededor se elevaba cada vez más rizada una escalera de caracol. Sus escalones eran como paredes o muros altos, quizá hechos para un gigante o una criatura imposible. Allí, inmaculadamente y de color negro y brillante, subía con un aura azulada para rascar los cielos.
Ella intentó mirar atrás, pues no había manera de subir aquella torre, pero detrás de ella no había más que bruma, y cada vez que entraba volvía a aparecer en aquel lugar. Decidió quedarse y esperar. Al día siguiente escuchó los sonidos de una persona. Intercambiaron miradas, pero se ignoraron, pues eran desconocidos, y aquella persona parecía saber muy bien a dónde se estaba dirigiendo. Esa persona recorrió un trecho corriendo para saltar a un escalón, engancharse, y trepar por él para seguir subiendo por el resto de escalones de la misma manera. La chica no se lo podía creer. Aquella persona abandonó el alcance de su vista y siguió subiendo. Ella intentó hacer lo mismo, una y otra vez. Quería subir, pero todas las veces caía al agua, se retorcía de dolor y sentía su orgullo herido.
Al día siguiente, otra persona llegó. Aquella parecía llegar perfectamente preparada, pues medía casi 2 metros de alto y era fuerte. Ni siquiera necesitó un impulso, se valía totalmente de sí misma. La chica se quedó mirando, pensando qué era lo que ella intentaba alcanzar: recordar por qué estaba allí, por qué el destino la había llevado a aquel lugar o si era el lugar que ella en principio buscaba y había elegido. Estuvo pensando y recordó que ella quería llegar hasta allí, porque quería alcanzar un sueño y unos objetivos. El primer paso era superar aquel escalón, donde te medías con los demás.
Otro día, una persona muy bajita y débil llegó hasta allí. Aquella persona también se sabía apañar sola, mirando a la chica y siguiendo su camino para construir una escalera de diferentes rocas pequeñas, una encima de la otra, hasta lograr una pila que, al subir encima, le hiciera llegar hasta el escalón. La chica intentó seguirla, pero las piedras desaparecieron. La persona que había subido en aquel momento le dijo que debía hacerlo por sí misma. Podía pedir su ayuda si quería, pero no podía robar el trabajo de los demás. La chica se negó rotundamente, dolida en su orgullo, y decidió quedarse. Cuando la vista de aquella persona desapareció, fue su turno de intentarlo de todas las maneras. Cada hora se le ocurría algo nuevo. Cada día dejaba su pequeño cuerpo maltrecho de golpes, heridas y esfuerzos en vano. Día tras día llegaba gente que, al igual que los anteriores, subían aquellos escalones frente a ella.

La chica empezó a llorar un día muy lejano después de que aquella persona que ofreció su ayuda desapareciera. ¿Hizo bien en rechazarla? Lloraba mientras veía cómo cada vez más gente subía aquellos escalones malditos que parecían rechazarla de todas las maneras. Todo lo que intentaba ya se le daba bien y mejor a otra persona. Todo lo que quería hacer, otra persona lo hacía mejor al día siguiente, o al momento siguiente incluso, robándole las ganas de seguir adelante. ¿Por qué para los demás la misma tarea suponía menos esfuerzo que para ella? No lo comprendía, y cada día sentía más envidia de todas las personas que llegaban y avanzaban. Una de aquellas personas se quedó a su lado durante un tiempo, entablaron conversaciones y, por un momento, su pena disminuyó, pensando que esa persona era como ella y que no estaba sola. Pero no fue así. Aquella persona subió sin ayuda de nadie. Había estado con ella para darle ánimos, pero tenía que avanzar y abandonarla, y ésta ni siquiera ofreció su ayuda.
La joven ya no sabía qué hacer. Un buen día, rabiosa de celos,  se abalanzó contra otra persona para robarle su trabajo y usarlo para el primer escalón. Sólo quería avanzar el primer paso. Quería llegar con los demás, pero aquello acabó en un enfrentamiento y la otra persona murió. Ella se dio cuenta de que tenía la capacidad de hacer algo que jamás se había pasado por su mente: la capacidad de matar a las personas que llegaban a aquel lugar. ¿Era esa su misión? ¿Era por eso que no podía subir y alguien tenía que quedar abajo haciendo aquel trabajo? Entonces, cuando llegó la siguiente persona, hizo lo mismo. Era alguien mucho más grande que ella, y mucho más fuerte, pero no pudo evitar querer ponerse a prueba. Entonces la mató, y su cadáver se acumuló junto al anterior… La chica se miró las manos, al principio horrorizada: “Es cierto… Soy capaz de matarlos.”
Con esta verdad, siguió matando. Al poco tiempo, tenía unos cuantos cadáveres y ninguno de ellos había empezado a descomponerse. Se preguntó por qué, y por mucho que intentó encontrar la respuesta no pudo.  La idea surgió en su mente y arrastró uno a uno los muertos hasta ponerlos pegados al primer escalón de aquella escalera de caracol gigante. Allí empezó a acumularlos, como hizo la primera persona que intentó ayudarla antes con las rocas. Quiso hacer una pila de muertos en los que subirse encima y así poder llegar hasta el siguiente paso. Era su meta, era la envidia que le corroía por dentro, y un buen día, llegó la siguiente persona.
Aquella persona era igual que ella, no podía avanzar pero no se había percatado de su habilidad para matar, y se adelantó para acabar con su vida. Era la última pieza para completar el camino. Al hacerlo, se miró de nuevo las manos y sus ojos derramaron lágrimas. Su boca empezó a temblar, y sus manos y sus dedos también. De su garganta no salía ningún sonido, pues estaba tan afectada, que las palabras no querían surgir. Se dio cuenta de lo que era y por qué, y entonces despertó.
Aquello había sido un sueño, una terrible pesadilla. Se acurrucó meciéndose con el agua por los tobillos y la cintura. Se dio cuenta de que no quería llegar a algo así, pero que el sueño le había mostrado quién era.  Decidió quedarse sentada viendo aquellas noches interminables pasar y seguir intentándolo.
Un día, ya cansada de todo, empezó a mirar las estrellas, y una sombra a su lado se sentó. Era la persona que podría haberla ayudado y no lo hizo. Había vuelto, y la chica solo sintió envidia, celos y rabia. No quería saber nada de aquella persona, y ahora menos que antes quería su ayuda. Aquella persona no le dijo lo que había más arriba, pero estaba claro que conseguía sus objetivos con la misma facilidad que otras personas y no se daba cuenta de que aquella chica no era igual. Aquella persona le habló de las estrellas y de su magia, de que cada una de ellas estaba unida a alguien. Entonces se marchó dejándola sola y pensativa.
Esa misma noche empezó a hablarle al cielo, buscando su estrella. “Tengo la peor estrella de todas, porque ni siquiera puedo encontrarla. Venga estrella, brilla para mí.” Y como si sus palabras fueran escuchadas, aquel cielo empezó a girar sobre sí mismo, formando un remolino de luces y líneas. Una estrella empezó a brillar y a arder. Aquella estrella empezó a caer del firmamento a gran velocidad. La chica empezó a llorar. Su estrella había perdido el rumbo y ahora se precipitaba sobre la tierra donde los sueños no se hacen realidad. Empezó a correr y atravesó la bruma, dejando la torre atrás por primera vez en muchas noches infinitas. Corrió con el viento dándole en la cara, siguiendo la estela de su estrella, pensando que podría encontrarla. Corrió tanto como pudo y, en una llanura de espesa hierba fresca y alta, la estrella empezó a descender. La chica abrió los brazos para recibirla, y murió en el acto.
O eso es lo que ella había creído. La estrella había desaparecido sin dejar rastro. Confundida, triste y sin ganas de seguir luchando, decidió andar para que sus pasos le llevaran a su destino de nuevo. Al llegar a la laguna en el claro, vio una extraña luz en el agua. Entonces miró y se encontró con su reflejo. Ahora era una luz familiar y brillante que procñamaba su lugar en su pecho. Era su estrella.

Aurumis.

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¿Qué pasó con la chica al final? ¿Por qué esa estrella cayó del firmamento? A todo eso le podéis poner vuestro propio final y si queréis podéis comentarmelo~  ¡Espero que la próxima vez tenga algo más interesante que exponer aparte de mis pensamientos! XD