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29.5.22

Pasos y ecos

 En la otra orilla, donde ruge el pasado, sopla el aire frío.

Ante semejantes aberraciones convertidas en palabras; sentimientos de verdad.

¿Qué fue ver el Sol y la Luna y darte cuenta de que te quemaste los ojos?

Gritan viajando a través de las noches heladas, buscando el cálido silencio de la otra orilla.

Entre la multitud de máscaras se perdió. Había un lujoso edificio. En el medio de una planicie, sin nubes, sin carreteras, sin dueño. 

Caminó rechazando las miradas, sonriendo cabizbaja, saludando. El día a día era duro. Hoy su alma resquebrajada buscaba distracción, pero poco le llamaba la atención. 

Había cosas que ya no podía ver como antes, se alegraba de haberse deshecho de algunas cosas. Excepto de las que propuso ella misma. Había un cordel púrpura que tenía su rincón en la pared, colgando al lado de otras cosas que atesoraba. 

A veces se lo volvía a poner. Al fin y al cabo era bonito.

También lo fue lo que sintió por unos días.Era difícil negarlo. Asi que lo había aceptado de buena gana, aunque era mucho mas feliz sabiendo la verdad. 

A veces las heridas mas peligrosas son causadas con tal adrenalina que no nos damos cuenta del daño causado, esto venía a ser lo mismo. 

Ahí estaba la prueba. 

Suspiró. Solo quería algo normal. Tiró la máscara al suelo, se le quedaron mirando con aprehensión. Se encogió de hombros y salió por la puerta de atrás. 

La estrella había eliminado el rastro oscuro, lucía espléndida. Pero la cicatriz parecía que igual que las otras, seguiría dibujando una matriz. Las canciones se habían quedado en el olvido también. Relacionar cosas con personas no había sido una buena idea. Aunque el tiempo hacía que te diera igual, igual que de forma agria te acuerdas de las cosas vergonzosas de una vida. 

Si había algo por lo que llorar y lloraría siempre, seria aquel hermoso felino que murió en sus brazos. 

—Te quería y te quiero, Shiro. Siento mucho no haberte podido salvar…

No podía mirar sus fotos sin sentir dolor, aún tras medio año. El amor de verdad era esto. El dolor que no se va. 

—Y te querré toda la vida. Estés donde estés.

16.8.21

Las lecciones son bienvenidas

Tras un tiempo vagabundeando entre las infinitas hileras de estanterías, saboreando el amargo café y oliendo el impregnante olor de los libros viejos y nuevos llegó a sentir que su pena se iba pedazo a pedazo. Descomponiéndose como los acantilados y las rocas golpeadas por el azote de las olas del mar. Poco a poco, erosionando, limpiando.

En medio de un ruinoso camino, se dio cuenta de que se alegraba de que el primero fuera aquel niño de su infancia que no volvió a ver. Aquel rechazo silencioso tras una pelea con chorros de agua fría en medio de un caluroso verano en el patio del instituto. Cuando las sonrisas cálidas y juguetonas no podían arañar más que unas palabras teñidas de ambición venenosa. Un recuerdo dulce aunque las cosas no hubieran sido lo que uno esperaba. 

A veces, una esperaba volver a verle y saber qué había sido de su vida. Por aquella infancia compartida.

En cambio, los recuerdos venideros que consiguió de otro estaban todos putrefactos. El temblor de la emoción que había sentido al escuchar sus bonitas palabras, ahora le producían asco. La lección se aprende una vez. Un disparo le rozó la mejilla, y sangró alegrándose de no ser una bala al corazón. 

Entre tantos libros vacíos que había encontrado durante sus paseos, algunos escribieron letras ante sus ojos, haciéndole preguntas.

—¿Te acuerdas?
—Sí.
—¿Te importa?
—Ya no...
—¿Te duele?
—Un poco.
—¿Mereció la pena?
—Sí.
—... ¿Por qué?

Al responder escribiendo en el las respuestas, divagó un poco tras tomar un sorbo de café con leche.

—Porque experimenté y aprendí de quién tengo que huir. Otra vez.
—¿Algo más?
—Me enseñó que soy más lista de lo que parece. Que tengo la cabeza bien puesta. Que no caí aunque intenté dar oportunidades. Que siempre supe lo que quería. No me cegué, no me entregué, no sin tenerlo todo seguro. Hay demasiados mentirosos. 
—¿Crees que la gente puede cambiar?
—Él ya no tenía solución. Ya le ayudé suficiente. Si no quiere, no quiere. Que haga lo que quiera. El orgullo de algunos es tan grande que es mejor ocultar su suciedad y vergüenza antes que aceptar las consecuencias de sus equivocaciones. El sólo se puso en su lugar. Al final, tiene lo que se merece. Alguien igual que él de repugnante. Pueden morir juntos a mordiscos y arañazos, gritarse hasta dejarse la voz. Insultar al resto y criticar hasta que se les pudran los ojos y el corazón de la envidia. Al final, me di cuenta de que tenía lo que se merecía. Veneno con veneno.

El libro se cerró y se colocó en la estantería. La estrella rota brillaba en su pecho. Había encogido lo suficiente para llevarla con un bonito cordón alrededor del cuello. Estaba rasgada, con agujeros, y con un trozo de alma distinto. Negro, muy pequeño.

Quizá algún día me deshaga de este pedazo que no es mío. Pero ahora dejémoslo estar. Todo llega.

Se tomó el resto del café y se levantó para acariciar las suaves tapas del príncipe apuñalado.

—Llevaré a su alteza y a su majestad siempre conmigo. 

Los libros ronronearon y tras convertirse en pequeñas motas de polvo de estrellas, se fusionaron con su corazón.

—Una lección más. Uno nunca deja de aprender sobre las personas.

A través del aire, a través de la tierra, a través de la lluvia, en el cielo y en el infierno. Como vagabundos lejanos buscando una palabra de honor.

25.7.21

Cien Mil Espadas

En el umbral adornado de luces brillantes despertó tras mucho tiempo. La canción había parado, solo escuchaba un tintineo de cristal. Débil y en la distancia. 

Con una maraña de pelos que intentaba peinar deslizando los dedos entre las hebras, se levantó con el peso de una carga nueva. Era como si hubiera una bola de metal muy pesado en el medio de su pecho. Se preguntaba si es que su corazón se había endurecido de tal manera que ahora era horrible sentir su presencia.

Determinó que era mejor apartar esas preguntas y tras quitarse las flores que le habían llovido encima, retomó el camino en busca del tintineo. 

Por el camino se encontró con otras víctimas, una tras otra le contaron sus vivencias. Se sentó a su lado un buen rato, tras un tiempo, no le servía de mucho mas que para ahogar las ganas de gritar. Pero ni fuerzas tenía para ello. 

Suspiró vahos que se volvieron nubes espesas.

Encontró una región enorme sin casas ni puertas. Había escaleras, techos y cobertizos, bancos, sofás y chimeneas. Mantas y tazas de chocolate caliente, té, café y leche desperdigados en mesitas en rincones. Calles anchas llenas de estanterías con taburetes. Escaleras y escaleras de caracol de nuevo. El olor a viejo del papel inundaba toda la región, y a veces era fresco y a veces olía a chocolate, té y café. 

Caminando, se encontraba a gente con libros en las manos. Algunos lloraban, otros escribían y copiaban. Otros reían a carcajadas, otros tenían expresiones complejas. En una esquina el tintineo empezó a repicar más intenso. Un libro brillaba tenuemente al lado de un jarrón de flores. Lo cogió y copió lo que hacían aquellos habitantes pasajeros. Se sentó en una esquina y empezó a leer.

Al abrirlo, cayeron pétalos en su regazo. Una fragancia suave. Las páginas estaban algo usadas, pero ninguna tenía desperfectos. 

El pecho volvió a pesarle, colocó la estrella rota a su lado, y giró las páginas.

Cien mil espadas se clavaron en un príncipe amable que no supo escoger entre las dos opciones que tenía. Intentó crear la tercera, la mas amable, la mejor solución para todos. Pero cien mil espadas le clavaron sus propios siervos, cuando intentó salvarles. Inmortal, sufrió dolor y agonía durante días sin fin. Su amor y amabilidad no valieron para nada.

Tras volver en sí y aceptar la verdad, apunto de darse por perdido, una persona le tendió la mano.

Las lágrimas afloraron como ríos. Aún queda gente buena.

Aun queda...

Pero nunca podría olvidar el dolor, aunque aquello le volviera casi inmune a él.

¿Qué más quedaba? 

Un triste gesto era todo lo que necesitaba para seguir viviendo.

La fragancia de las flores, el olor de un chocolate caliente que le ofrecía un desconocido a su lado, y un libro de un príncipe maravilloso y chatarrero que había sido traicionado por egoísmo. 

Su estrella era como aquel príncipe.

"No has hecho nada malo. Sentirse frustrada, dolida y quemada es solo natural. Deja que el polvo se asiente aunque no quieras."

Abrazó al libro, ojalá pudiera decirle al príncipe herido por cien mil espadas lo que pensaba.

2.6.21

La estrella que cegaba - un agujero negro

 La música sonaba en bucle. Una canción pop con un estribillo pegadizo sobre lo que eran los sueños y las promesas. Sobre comerse el mundo con un simple “Te quiero. Mucho.”

Unas nubes cubrían el cielo, y allá donde caminase, se disipaban con cada chasquido rítmico de la melodía. Sonaba por el teléfono que tenía en las manos. Caían los pétalos de los árboles en flor.

Suspiró de cariño, y la canción volvió a empezar. Se escuchó en el aire, en su corazón. Seguiría caminando hacia donde le guiase aquel estribillo. Una y otra vez, y otra vez. En bucle.

Se encontró con un rayo de luz tan luminoso en su camino, que empezó a cegarla. Colgaba sobre su cabeza, allí en el cielo. Una estrella nueva. Tintineaba al ritmo de su corazón. Como si se acompasara a su respiración. De tanto mirarla, su imagen se quedó grabada en su mente, y no solo en sus retinas. Ahora parpadeaba y veía aquella mancha luminosa... extrañamente cálida.

No sabía de quién era. Pero volvió a aparecer noche tras noche, noche tras noche. Cada día le costaba más mirar. Le dolían los ojos, pero el corazón estaba feliz. Latía al ritmo de la canción.

Con mucho esfuerzo, una noche sin luna y sin estrellas, se sentó tras días de caminar. Parar le parecía más difícil que continuar, ahora que había comenzado. Cerró los ojos e invocó su estrella, que ahora vivía dentro de su pecho. Apareció en la cuna de sus manos y la alzó. Hacía mucho tiempo que la había escondido. Que había aprendido a retenerla en su pecho igual que cuando se estrelló por primera vez. Su estrella seguía teniendo el aspecto de siempre. Rota, resquebrajada, le faltaban piezas. Pero no importaba mucho, porque su brillo había sido casi restaurado. Le permitió ver en la oscuridad. Y parpadeó, una, dos veces. Al ritmo de una canción. Y apareció la estrella sobre su cabeza.

“Yo te seguiré” cantó. Y la volvió a dejar ciega y su estrella se escondió de nuevo en su pecho.

Caminó y caminó hacia el fin del mundo. Buscaba el gran acantilado que llegaba más allá. El que conectaba todo. Con el teléfono en la mano, un mapa y tarareando. Y una estrella que parpadeaba buscando aquella sobre su cabeza. Sus ojos empeoraron, pero no sentía el dolor. ¿Y si pudiera restaurar su estrella por fín? Y si... ¿Por qué llamaba a la suya?

Mientras andaba de día, su vista se nublaba por una mancha. La silueta de la estrella que día tras día se expandía. No sabía si estaba valiendo la pena. No sabía si iba a perder la vista. Pero, ¿a veces importaba tanto lo que ya tenías si podías tener algo mejor?

 ¿Qué era sino una promesa?

 Un sueño fácil que romper.

Su estrella solo conocía eso.

Y se elevó de nuevo, dejando estelas de luz, poniendo barreras en su corazón.

 

Casi al final del camino llegó, a un campo de hierba alta de color azulado por la luz de la Luna. Las estelas seguían a su alrededor, cada vez más numerosas. ¿Qué le estaba pasando? ¿Qué tenía de malo sentirse bien? Solo quería ir al acantilado y encontrar de quién era ese rayo de luz.

La estrella desconocida no apareció. Y no se percató del crujido y la nueva línea irregular que cruzó la estrella de lado a lado. Las estelas brillaron con mas fuerza. Al querer retomar sus pasos, estos pesaban más. Su respiración empezó a desacompasarse. La mancha no le dejaba ver donde estaba poniendo los pies. Y empezó a tener miedo, pero hizo que su estrella brillase más. Le mostró el camino, y continuó su viaje.

"¡Pero...!"

En un tres de abril se formaron lágrimas que hicieron nacer una historia que ni el más sabio podía saber donde desembocaría. Donde las canciones mueren y los susurros duermen. El sol llena de luz nacarada el acantilado de las estrellas, en el lúgubre y tierno peso de un adiós.

Sentada en el borde de una herida, con los ojos manchados de luz. La forma irregular de un sangrado que no le dejaba ver la caída. Al otro lado, le pareció distinguir otras estrellas rotas. Otras que brillaban con esa fuerza sobrenatural que las diferenciaba del brillo de las estrellas enteras y perfectas. En medio de la noche, sonaba una canción cantada por todas ellas. Resonaban juntas, y la suya empezó a cantar. Notas tristes, notas perdidas, notas que brillaban y se apagaban, brillos y estelas que refulgían y morían.

“¡Y entonces…un 29 de mayo…!”

Una a una, las estrellas se volvieron fugaces, cayendo dentro del valle, al fondo del acantilado. Una a una, le llamaban. La estrella desconocida apareció una vez más, de repente, entre el coro de silencios. Pero al intentar mirarla, sus ojos ardieron y tropezó. Se cayó con las demás, al agua de un valle donde dormían profundamente las estrellas caídas. No había corriente, solo agua que no la ahogaba. Era como un pequeño agujero sin fin, que llegaba a conectar alguna parte. Entonces descubrió que allí abajo había otro firmamento. El cual, era mas hermoso que el del cielo que siempre había admirado cada noche. Del cual su estrella había caído, desterrada.

Cerró los ojos, sintiendo el desgarro de la nueva herida, el agua sin peso intentaba introducirse dentro, buscando el núcleo que la hacía brillar todavía. Sintió un pinchazo de traición, y supo que formaría parte de aquel firmamento escondido en la profundidad del valle.

Cuando sintió algo frío en sus párpados, algo le quemó intensamente otra vez. Y al abrir los ojos, se vio a si misma acariciándose el pelo.

Te cegaron y te usaron. Te dieron el cielo y la tierra. Te ofrecieron prácticamente la Luna. Te dijeron que te amaban. Y todo eso no importaba. Un puñado de mentiras que te trajeron hasta aquí. Una estrella negra y fría que usaba la apariencia de otra víctima. Un camino guiado hasta el terror y el desconcierto. Una cadena de traiciones casi te hizo presa. Aunque presa fuiste, de un agujero negro.

Era una voz suave y cálida, recordándole su error.

Hay cientos de miles de agujeros negros, que se tragan lo que encuentran a su paso. Pero solo se ha llevado un trozo más. Alguno que ha escupido en alguna otra dimensión, o que ha pulverizado… Ahora tienes que curar tus ojos. Cuando lo hagas… todo volverá a ser como era.

Se pasó una mano por los ojos que ardían en lágrimas.

Nunca le importé. Solo quería tragarme, arrastrarme al fondo, masticarme y escupirme como si no valiera nada.

Pero antes de que lo hiciera escuchaste la canción que rompía tu estrella… no importa cuantos trozos pierdas… en cada una de nosotras hay agujeros.

Si miras esta noche estrellada, baila, canta la alegría del adiós mientras añoras.




18.5.16

¿Es raro querer besar sus nudillos?

Una luz pálida iluminaba parcialmente su rostro.
Su perfil perfectamente definido, la forma de la nariz, la forma de sus labios, el inferior carnoso, perfectos.
La forma redondeada de su barbilla, y la nuez de Adán en su garganta.
Los mechones de cabello liso y dorado soltando destellos de luz ambarina alrededor de su rostro.
La mirada fiera y decidida, con los ojos claros y profundos, brillantes y oscuros, ahora cerrados.

Los ojos se me iban, intentando escapar de aquellas lagunas de agua cristalina que porfín descansaban bajo sus párpados, a su mejilla izquierda, donde se trazaban lineas oscuras formando una runa.

Un suspiro.

Me fijé entonces en las manos, en los nudillos, en la forma en que los dedos se curvaban sobre sí mismos. En el valle que se extendía entre cada hueso, en la piel estirada sobre ellos.

Y era sexy, ¿era raro querer besar sus nudillos?

Y lo haría gloriosamente, notando cada articulación bajo mis labios.

Simplemente estaba durmiendo a mi lado, de casualidad, agotado como puede estarlo alguien que ha estado todo el día luchando. Con sudor, sangre y polvo.

Pero yo no veía nada más que a él. Con la respiración encogida, temiendo acabar con aquel momento íntimo en el que él no sabía que estaba mirándole, fijándome en cosas que antes era incapaz de ver.

El corazón dándome golpes contra las paredes de su prisión, intento sincronizar mi respiración con el subir y bajar de su pecho. Es algo hipnotizante.

Observo las pestañas, gruesas, de color negro y largas. ¿Cómo puede ser que tenga unas pestañas tan bonitas?

Debería estar prohibido ser tan perfecto. Porque lo era, y nadie podría atreverse a decir lo contrario.

Aquel momento se quedó grabado en mi mente. Con el graznido de un búho entre la oscuridad que nos rodeaba.

Y sin embargo, ahí estaba él, con luz propia, sin nada que envidiarle a las estrellas.

Y ahí estaba yo, pensando en cómo sería tocar esas pestañas con las yemas de mis dedos.


 - Wynleria's Tale. Fragmento. Por Aurumis.

5.5.16

Wynleria's Tale. Fragmento.

Él miraba al horizonte, allí donde las nubes formaban furiosas espirales tornadas de color anaranjado. El cielo empezaba a perder su luz para dar paso a la noche. La vista era maravillosa, casi de otro mundo que creía no conocer, pero era el suyo. Wynleria recibía ahora parte de la oscuridad del cielo, iluminado por un infinito mar de estrellas. El contraste dorado del Sol del atardecer se derretía despacio, como el sabor en su boca. Aquel sabor metalizado de la sangre que brotaba de su labio partido.

Con aquellos ojos rasgados fijos en el paisaje frente a él, los que le acompañaban se preguntaban qué pasaba por su mente. En qué estaría pensando.

Gilbert creía haberse percatado de ello. No había nadie que hubiera pasado tantas horas junto a su majestad como el comandante Argetlam. El elfo de piel morena sabía qué pasaba por la cabeza de aquel hombre. Y pudo leerlo en su mirada.

Su majestad había perdido la voluntad para seguir viviendo. Eynan miraba al cielo como si mirase a Astra, maldiciendo aquella desesperante esperanza.

Nadie se movía, nadie se atrevía a hacerlo. No podían hacer más que entreabrir la boca antes de darse cuenta de que no tenían palabras en su voz. Linley miraba como caían las gotas de sangre desde la punta de los dedos del rey elfo.

Los cuerpos decoraban las tierras a lo lejos. Uno estaba en el suelo junto a sus pies. La sangre fresca alimentaría el suelo de Titania. El aire de Yakul hizo acto de presencia con una corriente fresca, que traía la llegada de la noche meciendo amablemente a los hijos del viento. El maestro de Belenos partía para descansar dejando un intenso fuego de llamas rojas que sustituyó el oro, ahora conjuntando la tierra ensangrentada. Y las espirales de nubes empezaron a entonar el canto de Kalindra, intentando limpiar sus corazones. El olor a tierra mojada y sangre mezclados inundó el ambiente.

El frío llegó junto a la lluvia, pero Gilbert y Linley no se movieron, con sus miradas inmóbiles sobre la espalda de la figura que tenían delante, las gotas de agua recorriendo cada herida, intentando hacer desaparecer el dolor. Finalmente Exilos acabó de cubrir los cielos con su manto oscuro.

"Así la esperanza se convirtió en desesperación. " Sus palabras inaudibles se perdieron en la historia. Se giró despació dando la espalda a la carnicería, a pesar de sus heridas y su porte derrotado ante una victoria más que indeseada, parecía un ángel con las alas rotas. Algo demasiado bello y triste a la vez.

El comandante se percató de que Eynan había dejado marchar a algún luchar la chispa que daba vida a sus ojos. La hechicera vio como alzaba la cabeza sin el orgullo que le caracterizaba. Los dos le siguieron y murmuraron a la vez en sus mentes. Él se marcha para siempre.

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Fragmento de Wynleria's Tale. Una historia que llevo en mi corazón y que algún día terminaré de escribir.


3.4.14

La pesadilla: Noah.



Esos días en los que te inspiras para escribir. Esto es un pequeño trozo de historia que tengo hecha con un amigo. Está basado en el mundo de Gaia del juego de rol de Anima. Es una especie de crossover que hicimos y en el que nació Noah. Es un personaje que nada más crearle le cogí cariño increiblemente rápido. Su personalidad y la idea del personaje es algo que no se me había ocurrido hacer antes hasta que tuve la oportunidad hablando y roleando. Algo que me encanta es crear historias y desarrollar personajes... pero no con todo el mundo es posible y algunas cosas se me quedan más muertas que vivas. Esta historia está parada porque empezamos de cero cambiando decisiones y personajes para que no salieran todos y no nos comiera una lluvia de equipos y 50 personajes distintos que utilizar para llevar a cabo una historia que se estaba volviendo cada vez más épica y compleja. Mi propia historia de Go2RockU es un mundo increiblemente grande y que apenas he llegado a desarrollar pues solamente he podido hacerlo sola en algunas ocasiones y luego con un par de personas, más con una que con la otra. Si algún día llego a valer la pena como dibujante, haría un comic, si algún día se me tiene en cuenta para algo más grande, sería un videojuego RPG digno de mención (que es realmente a lo que está enfocada), y si algún día la inspiración divina y mi vaguería me lo permite, sería una serie de libros de fantasía de al menos 4 o 5 volúmenes debido al gran contenido que tiene y que retengo en mi cabeza para mí sola. E aquí un fragmento de un crossover que dio forma a un personaje que ha acabado siendo parte de la historia. NOAH.

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 Él era mi pesadilla... hecha realidad.
Protagonista de Go2RockU. Se llama Rose Cross.
¿Recordáis cuando de repente perdí el conocimiento debido a una gran herida cuando estaba hablando con vosotros? Aquel dolor intenso que atenazó mi corazón durante horas y días hizo que tuviera aquellas pesadillas. Las pesadillas que yo tenía en el mundo de Gaia no eran normales…los sueños de Gaia eran especiales, aquella dimensión distinta donde todo lo que sueñan sus habitantes se vuelve real. Soñar hizo posible algo que no debería haber ocurrido, algo que hizo que un ser horrible consiguiera salir de la cárcel de todos los monstruos de las conciencias de las personas que estaban encerrados en aquel espacio. Quería ser libre, algo le llamaba. Aquel ser era blanco, su apariencia era la de un niño de no más de 10 años. Su cara no tenía expresión y su aura hacia que todos los demás monstruos y pesadillas fueran detrás de sus pasos fascinados por aquella luz teñida con la locura, la oscuridad, y el deseo de la destrucción. Salió de la grieta que él mismo había producido y andó en una misma dirección atravesando campos, bosques, pueblos y ciudades… Todo a su paso era invadido por la ola de seres que la mente de los humanos y otros seres inteligentes son capaces de crear. Aquello caminaba sin cesar, sin nada que pudiera pararle. Evander  y otros del grupo habían estado con él… en un intento por parar su avance y cerrar la grieta. Me contó… lo horrible que era para él estar cerca de Noah, como él se había llamado. Era idéntico a mi Noah, pero cuando era niño, sencillamente igual… y no era él. Evander podía escuchar miles de voces en la mente de Noah, gritos aterradores, nombres, voces que desgarraban con su propia potencia la garganta produciendo sonidos desagradables. La mente de Evan se destrozaba y le hacía perder la conciencia, eran unas voces imposibles de apagar…¿por qué escuchaba todas esas voces en lugar de la de Noah? Era incapaz de leerle la mente como a los demás. Todo en el pequeño era así. La pesadilla era eso, una pesadilla… y su existencia demostraba algo demasiado real. Su sonrisa era macabra, sus ojos vacíos, su voz era odiosamente angelical y hermosa… y sin embargo el solo hecho de estar cerca de él… era insoportable. Mi propio sueño le había creado, mi propia pesadilla en aquel horrible coma donde luchaba por recuperarme.

Noah y yo nos encontramos después de muchos meses desde que él se creara. Creció increíblemente rápido y su apariencia cambió para convertirse en un joven que parecía ser el clon del original. Uno muchísimo más tenebroso. Cuando le vi… mi cuerpo se quedó paralizado y un miedo increíble hizo temblar mis piernas. El bello se me puso de gallina… y mis lágrimas empezaron a brotar. Me daba miedo, Noah daba un miedo que podía parar tu corazón solamente con una mirada. Jamás había visto algo tan aterrador, y sin embargo…. Ahí estábamos…. Conectados…. Si Noah fuera destruido…si hubiera una mínima posibilidad de que ocurriera, yo acabaría igual que él. A pesar de que éramos tan diferentes y de que solamente era mi pesadilla… ahí estaba, sonriendo…. Tan real que mis piernas fallaron y me caí al suelo. Noah era especial… nadie, ningún ser de las tinieblas de nuestras mentes había sido capaz de escapar de aquella dimensión por sí mismo. Noah ni siquiera tuvo que esforzarse por hacerlo.  ¿Qué es lo que había creado?... ¿Y por qué sin embargo….me sentía como si estuviera viéndome en un espejo?  

Noah rió a carcajadas, un horrible y angelical sonido que producía escalofríos, se acercó y se puso de cuclillas frente a mí. No podía evitar mirarle a la cara, estaba en estado de shock…todo en él impactaba demasiado. Era un rompecabezas.  – Escuchaba una voz, una voz en medio de la oscuridad, veía un camino que nadie más podía ver. Una cuerda que tiraba de mí todo el tiempo. Eras tú quien me llamaba, ¿verdad Rose? – Mi voz se perdió en alguna parte…y no pude contestarle, pero él no necesitaba más respuestas.

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2.1.13

Relato 2: Esperar o ser esperado

 Este relato es REAL. Basado en las cosas que me han pasado
 y gente que he conocido y en cómo veo algunas cosas. 
Esto lo subí en mi journal de DeviantArt hace ya un tiempo, 
pero como me gusta, lo voy a compartir aquí también.

************

Ahí fue cuando me di cuenta de que estaba esperando algo que no llegaría. Esperar era algo que se me daba bien, incluso cuando quedaba con alguien y esa persona llegaba tarde, incluso cuando esperaba con ansias algo al mercado, cuando esperaba una noticia importante, cuando esperaba a que cayera la noche para poder dormir... Esperaba a que todo fuera perfecto, a que las cosas fueran solas, a que el mundo viera las cosas como yo. Esperaba no ser la única con ésta capacidad de esperar el momento adecuado para surgir y explotar.

Después de tanto tiempo me di cuenta de que ésto sólo empeoraba las cosas, y a pesar de ser una persona inquieta seguía esperando. Llegaron entonces otras personas que parecían ser las indicadas, que parecía que comprendían lo que yo buscaba. Parecía... y no era así. Una de ellas era alguien que también me hacía esperar. Era una chica pelirroja con pecas, bajita, de pálida piel y ojos castaños. Ésta chica me hacía esperar y yo esperaba por ella. Ella había estado esperando por alguien como yo, y yo la encontré de casualidad haciendo eso: esperar. La esperaba cuando acababan los exámenes, pues nunca estaba satisfecha y se quedaba hasta el último momento, cuando ya nadie quedaba en la clase. La esperaba para salir juntas, y la esperaba para conocerla poco a poco. Algo no muy díficil pues le gustaba hablar tanto como a mí.

Al poco tiempo esa chica fue importante y yo aceptaba el tener que esperarla pero un día me cansé. Me cansé de esperar un perdón, me cansé de esperar un abrazo, y me cansé de esperar un: ¿qué te ha ocurrido?

Hubo diferencias debido a que yo empecé a cansarme. Quería algo más, no solamente estar detrás, quedar siempre después de algo que era más importante para ella. ¿De verdad tenía que seguir esperando allí de pie o sentada hasta que ella diera por finalizado su trabajo? ¿Aunque todos los demás ya habían terminado? ¿Aunque era completamente innecesario?
No quería dejarla sola porque yo me sentía sola, así que aquello fueron unos años en los que realmente, solo me dejaba llevar por esa espera.

Al final esa espera quedó en un: no te espero más... porque también quiero que me esperen a mí....

Con el tiempo aquella forma de ser quedó atrás y empecé a moverme lentamente y a paso firme buscando a otras personas. Me daba miedo pero no tenía otro remedio. Poco a poco me di cuenta de que empecé a cambiar, me atrevía a saludar a gente desconocida. Me atrevía a mirar dentro de los demás. Me daba cuenta de que tenía que moverme para no esperar.

Conocí a un chico, un chico muy majo, alguien para el que parecía ser importante. Era mi mejor amigo pero nunca nos habíamos conocido. Había una promesa que yo estuve esperando mucho tiempo. Algo que yo no podía cumplir pero que sabía que él sí podría. Esa promesa cada año se debilitaba más pero igualmente seguiamos en contacto. Al cabo de tantos años como habían transcurrido yo perdí la esperanza. Pero me esperaron y esperé. Llegó volando y aquello demostró que esperar merecía la pena, si la otra persona también te esperaba a ti...

Un día volví a hacerlo. Cansada de esperar por alguien o algo ya que mis esfuerzos eran en vano a pesar de tener a aquel chico esperádome. Hice otra cosa diferente para llamar a más gente. Para hacerlo debía atreverme a hablar con gente que infundaba respeto o gente que siempre pensé que serían ese tipo de personas con las que cruzas un par de palabras y se quedan ahí. Pero resultó ser positivo...

Esperar era algo que se me daba bien y que había dejado de hacer pues nadie lo hacía por mí... al final conocí a muchas más personas. Una de ellas fue otra chica. De nuevo aquella habilidad para esperar parecía ser la clave y aunque no me gustaba esperar... decidí hacerlo. Esta chica se parecía a la anterior pero eran muy diferentes. Con todo este tiempo y a pesar de que esperar merece la pena... no siempre es lo más acertado. Aunque esta vez lo fue...y estoy muy contenta... eso no indica que no pueda ser fatal en otros casos.

Hay personas que quieren que las esperes, hay personas que deben esperar... ¿hay alguna manera de hacer de dejar esperar a las personas?

Con el tiempo ya no podía esperar. No podía esperar ni siquiera un perdón, un regalo o un abrazo. Yo misma los daba... ¿estába bien ser así? ...¿O debía esperar eternamente a que alguien...algún día, esperase por mí de aquella manera?

Yo ya no sé nada, solo sé, que el tiempo no espera, y que quien espera eternamente sufre...
La gente debería dar un paso adelante por los demás, darse cuenta de quién les está mirando, quién está esperando por ellos, quién quiere que les hablen, quién necesita un abrazo y no sabe pedirlo, quién necesita un amigo, quién necesita realmente el dinero... quién solo quiere ser eso, tu amigo...

No hagáis esperar pues el tiempo no te lo perdona.


*****

Esto fue porqué lo puse en su momento:


Ganas de escribir y de desahogarme un poquito~ supongo que cuento un poco de propias experiencias mezclado con cositas que pienso y ganas de yo que sé, estrenar este diseño de journal tan monísimo... y quizá ver si alguien es capaz de leerse este...tocho de journal estúpido. No es nada malo, simplemente ganas de escribir.
Tenía ganas de leer un libro de los que tengo empezados, pero estoy un poco enferma y paso de llenarlos de microbios... además me quedaría dormida. También estuve mirando la shop de PS3 pero me aburría su contenido, y aunque intenté dormir para mejorarme del resfriado, no lo he logrado e__e y como estaba un poco inspirada, ahí va eso...

Los valientes que lo leáis a ver si podéis ponerme un comentario chulo, los que no, que seréis todos o casi todos... pues nada e__e como dice ahí arriba, no voy a esperar pacientemente vuestros comentarios. Id a por alguien que os espere a vosotros si queréis.

1.12.12

Relato nº1

¡Hellou~!

Esta vez vengo porque como otras tantas veces tenía ganas de escribir algo. Llevo con éste fragmento de historia en mi cabeza desde hace aproximadamente una semana, surgido a través de cosas que siento y de mis preocupaciones. Pero al fin y al cabo, algo bueno surge de que a veces mi cabeza no pare de pensar cuando intento dormir. Os dejo con el fragmento~


*****

La chica, la Torre y la Estrella


Andaba en la espesura de un frondoso bosque. Llevaba tanto tiempo haciéndolo que no recordaba cuándo había comenzado a hacerlo ni por qué. A medida que iba avanzando, a paso lento, debido a la maleza, su miedo aumentaba, y sus dudas también. Ella tenía miedo de las voces extrañas que escuchaba. Y tenía miedo de seguir andando, pero atrás ya no quedaba nada más.
Un día llegó a su destino. Allí encontró un claro gigantesco en medio de tanta espesura, en una laguna donde el agua no llegaba más alto que sus tobillos y donde el cielo y sus estrellas se reflejaban como diamantes. Era siempre de noche, y no había un motivo para eso. Pero allí siempre lo era. En medio de la laguna se alzaba una espléndida torre; a su alrededor se elevaba cada vez más rizada una escalera de caracol. Sus escalones eran como paredes o muros altos, quizá hechos para un gigante o una criatura imposible. Allí, inmaculadamente y de color negro y brillante, subía con un aura azulada para rascar los cielos.
Ella intentó mirar atrás, pues no había manera de subir aquella torre, pero detrás de ella no había más que bruma, y cada vez que entraba volvía a aparecer en aquel lugar. Decidió quedarse y esperar. Al día siguiente escuchó los sonidos de una persona. Intercambiaron miradas, pero se ignoraron, pues eran desconocidos, y aquella persona parecía saber muy bien a dónde se estaba dirigiendo. Esa persona recorrió un trecho corriendo para saltar a un escalón, engancharse, y trepar por él para seguir subiendo por el resto de escalones de la misma manera. La chica no se lo podía creer. Aquella persona abandonó el alcance de su vista y siguió subiendo. Ella intentó hacer lo mismo, una y otra vez. Quería subir, pero todas las veces caía al agua, se retorcía de dolor y sentía su orgullo herido.
Al día siguiente, otra persona llegó. Aquella parecía llegar perfectamente preparada, pues medía casi 2 metros de alto y era fuerte. Ni siquiera necesitó un impulso, se valía totalmente de sí misma. La chica se quedó mirando, pensando qué era lo que ella intentaba alcanzar: recordar por qué estaba allí, por qué el destino la había llevado a aquel lugar o si era el lugar que ella en principio buscaba y había elegido. Estuvo pensando y recordó que ella quería llegar hasta allí, porque quería alcanzar un sueño y unos objetivos. El primer paso era superar aquel escalón, donde te medías con los demás.
Otro día, una persona muy bajita y débil llegó hasta allí. Aquella persona también se sabía apañar sola, mirando a la chica y siguiendo su camino para construir una escalera de diferentes rocas pequeñas, una encima de la otra, hasta lograr una pila que, al subir encima, le hiciera llegar hasta el escalón. La chica intentó seguirla, pero las piedras desaparecieron. La persona que había subido en aquel momento le dijo que debía hacerlo por sí misma. Podía pedir su ayuda si quería, pero no podía robar el trabajo de los demás. La chica se negó rotundamente, dolida en su orgullo, y decidió quedarse. Cuando la vista de aquella persona desapareció, fue su turno de intentarlo de todas las maneras. Cada hora se le ocurría algo nuevo. Cada día dejaba su pequeño cuerpo maltrecho de golpes, heridas y esfuerzos en vano. Día tras día llegaba gente que, al igual que los anteriores, subían aquellos escalones frente a ella.

La chica empezó a llorar un día muy lejano después de que aquella persona que ofreció su ayuda desapareciera. ¿Hizo bien en rechazarla? Lloraba mientras veía cómo cada vez más gente subía aquellos escalones malditos que parecían rechazarla de todas las maneras. Todo lo que intentaba ya se le daba bien y mejor a otra persona. Todo lo que quería hacer, otra persona lo hacía mejor al día siguiente, o al momento siguiente incluso, robándole las ganas de seguir adelante. ¿Por qué para los demás la misma tarea suponía menos esfuerzo que para ella? No lo comprendía, y cada día sentía más envidia de todas las personas que llegaban y avanzaban. Una de aquellas personas se quedó a su lado durante un tiempo, entablaron conversaciones y, por un momento, su pena disminuyó, pensando que esa persona era como ella y que no estaba sola. Pero no fue así. Aquella persona subió sin ayuda de nadie. Había estado con ella para darle ánimos, pero tenía que avanzar y abandonarla, y ésta ni siquiera ofreció su ayuda.
La joven ya no sabía qué hacer. Un buen día, rabiosa de celos,  se abalanzó contra otra persona para robarle su trabajo y usarlo para el primer escalón. Sólo quería avanzar el primer paso. Quería llegar con los demás, pero aquello acabó en un enfrentamiento y la otra persona murió. Ella se dio cuenta de que tenía la capacidad de hacer algo que jamás se había pasado por su mente: la capacidad de matar a las personas que llegaban a aquel lugar. ¿Era esa su misión? ¿Era por eso que no podía subir y alguien tenía que quedar abajo haciendo aquel trabajo? Entonces, cuando llegó la siguiente persona, hizo lo mismo. Era alguien mucho más grande que ella, y mucho más fuerte, pero no pudo evitar querer ponerse a prueba. Entonces la mató, y su cadáver se acumuló junto al anterior… La chica se miró las manos, al principio horrorizada: “Es cierto… Soy capaz de matarlos.”
Con esta verdad, siguió matando. Al poco tiempo, tenía unos cuantos cadáveres y ninguno de ellos había empezado a descomponerse. Se preguntó por qué, y por mucho que intentó encontrar la respuesta no pudo.  La idea surgió en su mente y arrastró uno a uno los muertos hasta ponerlos pegados al primer escalón de aquella escalera de caracol gigante. Allí empezó a acumularlos, como hizo la primera persona que intentó ayudarla antes con las rocas. Quiso hacer una pila de muertos en los que subirse encima y así poder llegar hasta el siguiente paso. Era su meta, era la envidia que le corroía por dentro, y un buen día, llegó la siguiente persona.
Aquella persona era igual que ella, no podía avanzar pero no se había percatado de su habilidad para matar, y se adelantó para acabar con su vida. Era la última pieza para completar el camino. Al hacerlo, se miró de nuevo las manos y sus ojos derramaron lágrimas. Su boca empezó a temblar, y sus manos y sus dedos también. De su garganta no salía ningún sonido, pues estaba tan afectada, que las palabras no querían surgir. Se dio cuenta de lo que era y por qué, y entonces despertó.
Aquello había sido un sueño, una terrible pesadilla. Se acurrucó meciéndose con el agua por los tobillos y la cintura. Se dio cuenta de que no quería llegar a algo así, pero que el sueño le había mostrado quién era.  Decidió quedarse sentada viendo aquellas noches interminables pasar y seguir intentándolo.
Un día, ya cansada de todo, empezó a mirar las estrellas, y una sombra a su lado se sentó. Era la persona que podría haberla ayudado y no lo hizo. Había vuelto, y la chica solo sintió envidia, celos y rabia. No quería saber nada de aquella persona, y ahora menos que antes quería su ayuda. Aquella persona no le dijo lo que había más arriba, pero estaba claro que conseguía sus objetivos con la misma facilidad que otras personas y no se daba cuenta de que aquella chica no era igual. Aquella persona le habló de las estrellas y de su magia, de que cada una de ellas estaba unida a alguien. Entonces se marchó dejándola sola y pensativa.
Esa misma noche empezó a hablarle al cielo, buscando su estrella. “Tengo la peor estrella de todas, porque ni siquiera puedo encontrarla. Venga estrella, brilla para mí.” Y como si sus palabras fueran escuchadas, aquel cielo empezó a girar sobre sí mismo, formando un remolino de luces y líneas. Una estrella empezó a brillar y a arder. Aquella estrella empezó a caer del firmamento a gran velocidad. La chica empezó a llorar. Su estrella había perdido el rumbo y ahora se precipitaba sobre la tierra donde los sueños no se hacen realidad. Empezó a correr y atravesó la bruma, dejando la torre atrás por primera vez en muchas noches infinitas. Corrió con el viento dándole en la cara, siguiendo la estela de su estrella, pensando que podría encontrarla. Corrió tanto como pudo y, en una llanura de espesa hierba fresca y alta, la estrella empezó a descender. La chica abrió los brazos para recibirla, y murió en el acto.
O eso es lo que ella había creído. La estrella había desaparecido sin dejar rastro. Confundida, triste y sin ganas de seguir luchando, decidió andar para que sus pasos le llevaran a su destino de nuevo. Al llegar a la laguna en el claro, vio una extraña luz en el agua. Entonces miró y se encontró con su reflejo. Ahora era una luz familiar y brillante que procñamaba su lugar en su pecho. Era su estrella.

Aurumis.

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¿Qué pasó con la chica al final? ¿Por qué esa estrella cayó del firmamento? A todo eso le podéis poner vuestro propio final y si queréis podéis comentarmelo~  ¡Espero que la próxima vez tenga algo más interesante que exponer aparte de mis pensamientos! XD